NICEA I (325) Recepción que oscila entre la aceptación y el rechazo
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Resumen
La fórmula final del Concilio de Nicea, «(...) venerar a la Trinidad consubstancial, al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, tres hipóstasis, una sola substancia, una sola divinidad, una sola adoración (...)» generó dificultades desde el principio porque la aceptación nunca fue unánime, debido tanto al trasfondo filosófico de cada una de las facciones doctrinales, como a su componente político. Sin embargo, aunque estos antiguos cristianos siempre tuvieron presente la dimensión del misterio, nunca renunciaron a explicar su fe desde el punto de vista de la razón. Se alcanzaron al menos cuatro soluciones: los anomeos (Cristo es desemejante al Padre), los homeousianos (el Padre y el Hijo eran semejantes en cuanto a la substancia), los homeos (el Padre y el Hijo eran semejantes en todo), los homoousianos o nicenos (el Padre y el Hijo son de la misma substancia divina).
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